Terror in a Texas town


El talento esta en saber el material que tenemos en nuestras manos y consecuentemente sacarle todo el provecho que podamos. Esto en el mundo del cine puede valer tanto para pequeños presupuestos, como para grandes.

El caso que nos ocupa es pequeño y se trata de uno de los nombres más reividicables de la Serie B norteamericana, Joseph H. Lewis. En 1958 dirigió un western que partia de una premisa mil y una veces explotada, el terrateniente adinerado que desea poseer un territorio y que para expulsar a los propietarios no duda en usar todo lo que esta a su alcance. Lo particular de esta película es que el presumible duelo entre el irreductible propietario y el pistolero que quiere matarlo consiste en un imigrante sueco que no domina las armas pero que es diestro en el manejo del arpón contra un malvado y torturado manco.

En primera instancia tiene todo para echarnos a temblar ante el disparate pero Lewis sabe manejarlo todo, saber ser sobrio con la camara, mostrarnos cosas con sus movimientos y que nos tomemos en serio lo que estamos viendo. Por eso cuando acaba la película nos queda un muy buen sabor de boca con algo que partía de muy poco.

Mención aparte merece uno de mis actores preferidos de la época y que por su capacidad interpretativa quizás hoy no fuera más que un Dolph Lundgren o un Chuck Norris, pero al igual que Lewis conocía muy bien sus límites y sabía escoger buenos papeles a los que podía adaptarse. Eso llevó a Sterling Hayden a aparecer en grandisimas películas como Jungla de asfalto, Johnny Guitar, Atraco Perfecto, El padrino, Noveccento, o Telefono rojo

1 comentarios:

Miguel dijo...

El capitán corrupto que Michael le dio el postre en el restaurante...

Hay actores que pasan a la historia sin ser protagonistas y casi sin que se les recuerden su nombre.

Saludos!